Amanecer y Atardecer en la montaña

Amanecer y atardecer en la montaña
Amanecer y atardecer en la montaña, Acrílico sobre lienzo, 438 cm x 130 cm.

<<La montaña es la matriz de todo el paisaje y el pintor no cesa de explotar sus recursos, aunque resulte imposible agotar eso “naturalmente maravilloso”. La montaña encarna lo inagotable pues contiene en ella la profusión del mundo>>[1].

Amanecer y atardecer en la montaña, se trata de un tríptico compuesto por tres lienzos, cada uno de 146 cm x 130 cm, de tal manera que, separados tendrían una forma casi cuadrada y, por otro lado, juntos, formarían una franja horizontal de 130 cm de alto por 438 cm de ancho. El soporte donde se ha llevado a la ejecución dicha obra sería en bastidores de madera maciza, en total tres para cada parte del tríptico y, sobre tela de loneta.

En cuando a la composición de los elementos representados sobre el lienzo, se ha escogido la distribución que parte desde el centro hacia fuera, de una manera equilibrada tanto desde la forma como así también desde el color.

El origen de la idea de Amanecer y atardecer en la montaña, se remonta a las pinturas de la antigua china del siglo XIII. Durante esa época, los antiguos maestro pintores, realizaban sus pinturas en torn

Viaje a la Roca Roja, Dai Xi, 1801-1860
Viaje a la Roca Roja, Dai Xi.

o al paisaje. Dentro de este género de pintura, solían dedicar un fuerte protagonismo a los paisaje de montaña que, encontraban un motivo casi sagrado de contemplación y representación. Los paisajes de los últimos tiempos de la academia Song septentrional, mostraban una tendencia hacia la amplitud o la altura monumentales. Probablemente, por influencia de los literatos, la academia difundió durante décadas las pequeñas hojas de abanico o casi redondas, donde se realizaban las representaciones de paisajes.

Y más allá de lo visual, la pintura China operaba a través de la vía del Tao de Lao Tsé, el cual busca el orden armónico de la Naturaleza a partir de la comprensión de la esencia interna de la misma. Aplicado a la pintura, esta forma de pensamiento no pretende comprender el origen del mundo, sino imitarlo y actuar como éste, es decir, fluir con sus cambios y movimientos. El Tao nace de la alternancia de los factores Yin y Yang, que son opuestos y complementarios al mismo tiempo. Al Yang le corresponde aquello que está “manifiesto”. Su papel consiste en “exhibir lo manifiesto”, en exteriorizarlo; mientras que el Ying se encarga de aquello que está “oculto” y encerrar “lo no manifiesto” dentro de lo visible. Entonces, en esta obra se ha tratado de mostrar la figuración de lo físico partiendo desde la esencia del paisaje. Esta combinación de lo manifiesto con lo oculto, podríamos denominarla de otra manera y designar dicha combinación como: la representación de la ausencia a través de la presencia. De esta manera, las formas naturales representadas sobre el lienzo se enriquecen dándole a lo presente: “vida”.

Habiendo partido desde los antiguos orientales, la conformación de este tríptico podría asemejarse a la estructura de los biombos japoneses o a la de los trípticos que realizaban les nabis, también influidos por el arte oriental. El motivo principal de esta obra sería el paisaje de montaña figurado en el centro del tríptico y, escoltado a su izquierda y a su derecha por otros dos paisajes contenidos, cada uno de ellos, sobre un soporte en forma de abanico. El paisaje escogido es la vista a la sierra de Guadarrama, situada en la Comunidad de Madrid, española. Ahora bien, podemos distinguir, a través de la forma y el color, que aquello que se alberga dentro de estos abanicos, se trata de la representación de dos paisajes. Ambos contienen el mismo patrón, no obstante, lo que los hace distinguirse el uno con el otro no sólo es su papel en la posición del tríptico, sino también es gracias a la paleta pictórica empleada en cada uno de ellos. A la izquierda, se nos presenta esta abstracción de un paisaje de montaña similar al del motivo central de nuestro tríptico y, la gama de color empleada se encontraría con el alba de un día neblinoso. A la derecha, la misma abstracción que juega a darse un guiño con nuestro paisaje del centro, desde lo esencial de éste como ocurría con nuestra abstracción de la izquierda. Sin embargo, ahora nos encontramos con lo oculto en el ocaso de nuestra montaña.