Qué, Por qué, Para qué

SONY DSCESPIRITUALIDAD EN EL PAISAJE COMO CONCEPTO

¿De dónde nace la idea de La espiritualidad en el paisaje como concepto del proyecto? Me interesaba comprender el arte a partir de la experiencia de lo inefable, la experiencia estética y, la conexión que podía encontrar el espectador con ciertas obras de arte dentro del paradigma social actual, basado en sociedades que parecen no poseer calidad de espacio ni tiempo para las actividades de satisfacción al espíritu.

 

En primer lugar, partí del concepto de “inefable”. Me encontré leyendo los escritos que intercambió R.M. Rilke con F.X. Kappus en Cartas a un joven poeta. Y me ayudó a comprender mejor los valores genuinos en torno a los que giran el arte y la poesía.

 

<<Las cosas no son tan comprensible ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca halló la palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere; perdura.

[…] Pues el hombre creador, debe ser un mundo aparte, independiente y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido>>.

 

De ahí, llegué a comprender algo mejor lo que implica el proceso de creación y la experiencia estética; pero que, a su vez, ésta última se halla muy relacionada con los temas del alma y la espiritualidad.

 

El proceso de creación y la experiencia estética se hallan, ambos, en completa consonancia. Tanto la creación del objeto de arte como la acción de contemplación son acciones que emanan de una voluntad totalmente desinteresada, heredadas ambas de una genuina necesidad del espíritu.

 

Según Schiller, en Cartas para la educación artística, con la llegada del pensamiento moderno, donde el trabajo del hombre busca tareas más especializadas, aisladas del todo y son cada vez más mecánicas, éste pierde el contacto con la naturaleza y su alma; -cosa que no ocurría en los Estados griegos.

 

<<Este desmoronamiento que la artificiosidad de la cultura y la erudición empezaron provocando en el interior del hombre, lo completó y generalizó el nuevo espíritu de gobierno. […] Estados griegos, donde cada individuo gozaba de una vida independiente y, cuando era necesario, podía llegar a identificarse con el todo, cedió su lugar a un artificioso mecanismo de relojería, en el cual la existencia mecánica del todo se forma a partir de la concatenación de un número infinito de partes, que carecen de vida propia>>.

 

Digamos, que a partir de la concepción racionalista de la Ilustración hasta hoy día, el hombre ya no tiene una conexión próxima con la naturaleza, tal y como ocurría en épocas anteriores a la modernidad, más o menos comentaba unas ideas símiles en Poesía ingenua y poesía sentimental. Hoy día esa pérdida de la subjetividad ya no es dada únicamente por la revolución industrial, sino por una revolución en los medios de comunicación que, provoca un exceso de información y éste genera una sobreabundancia de estímulos que no pueden ser procesados. De aquí, pasé a leer Un cuarto propio conectado de Remedios Zafra. Y ella dice que la sociedad actual está experimentando una crisis de la desintegración subjetiva. Entonces, esto quiere decir que, a causa del exceso de información en todas partes y, actualizándose a cada instante: no hay espacio de tiempo vacío para la autogestión del yo; un espacio requerido para la dotación de sentido y crítica de aquello que hacemos. La consecuencia es un estado de distracción que deriva hacia el continuo estrés, dada la incesante inercia de la que es víctima el entorno de las sociedades de esta época.

 

La subjetividad humana perdida, (a causa de un flujo excesivo de estímulos), puede reconectarse con su “yo interior”, a través de la contemplación de obras de arte que nos parecen bellas. Esto tiene que ver con el encuentro del espectador con la experiencia estética; es decir, con la conexión que establece nuestro espíritu con una u otra obra. En El arte como terapia se comenta que:

 

<<El arte puede ponernos en contacto con dosis concentradas de nuestros temperamentos ausentes y, de ese modo, restaurar, en cierta medida, nuestro ser interior.

[…] Decimos que una obra es bella cuando nos provee de las virtudes que nos faltan>>.

 

Entonces, Schiller, en su ensayo Poesía ingenua y poesía sentimental, comenta que en la Antigua Grecia, artistas y dramaturgos habían puesto poca atención en hablar del paisaje y su representación, ya que vivían cerca del mar y las montañas. Podemos concluir en esta parte de las investigaciones que, el arte de cada época es heredero de la expresión y recepción de unas necesidades emocionales determinadas.

 

Ahora bien, queriendo dar razón a la relación existente entre el proceso de creación y experiencia estética: existe un punto de conexión. El artista se concentra en la captación de lo sensible respecto a aquello que pretende representar sobre su soporte escogido. Una óptima captación de lo sensible supone un acercamiento tan genuino como que el artista se sienta casi como la materia escogida a representar sobre su soporte; así es, cuando su objeto inanimado llega a cobrar vida. Y en este proceso de creación, cuando es concluido y contemplado, el espectador que conecta con la obra, experimentará estas mismas sensaciones que han pasado antes por el artista. En esto mismo creían los antiguos maestro chinos, los cuales tomaban como punto de partida para la creación artística la vía del Tao; – vaciarse de uno mismo, para hacerse sensible y determinar la verdad en la experimentación del entorno.